Existen dos métodos de razonamiento: el inductivo y el deductivo. El método inductivo razona descubriendo cosas nuevas, va de lo pequeño a lo mayor, de lo particular a lo general, de los detalles o las partes hacia el todo. El método deductivo, por lo contrario, parte desde lo general a lo particular, del todo hacia las partes. Las dos formas de razonamiento están estrechamente ligadas y son indispensables. En nuestro aprendizaje, a medida que descubrimos cosas nuevas tenemos que integrarlas en un todo. Sin esa integración no podríamos relacionar esas partes entre sí.
Si usamos estrictamente el lenguaje, Sherlock Holmes no hacía deducciones, sino inducciones. Reunía pistas y con ellas suponía la existencia de otros elementos. En base a detalles, se planteaba conjuntos y secuencias. Después se dedicaba cuidadosamente a verificar sus conclusiones. Era hasta que se sentía satisfecho que declaraba haber resuelto su caso.
La mayoría de nosotros somos Sherlock Holmes de las Escrituras. Vamos descubriendo sus detalles, incluso accidentalmente, y entonces nos hacemos una figura o representación mental del cuadro completo. Conforme descubrimos nuevas piezas las vamos anexando a nuestra representación mental de las cosas. Nuestro cuadro va siendo mejor al paso que nos hacemos de nuevas piezas.
Este es un proceso normal y necesario. El problema está cuando prescindimos del otro tipo de razonamiento, el deductivo, porque nos hallamos entonces abriendo camino en donde ya ha sido abierto, reinventando la rueda cuando ya ha sido inventada, en lugar de aprovechar lo que ya existe y sobre eso construir.
El otro extremo, por supuesto, está en quienes solamente aprovechan lo hecho por otros sin hacer el propio esfuerzo. Un buen amigo trabajó en el Centro de Distribución de la Iglesia, donde se distribuyen muchas de nuestras publicaciones. Allí contempló una situación que debe haberle impactado profundamente. El lamenta que muchos miembros de la Iglesia posiblemente estén leyendo solamente los libros de las Autoridades Generales, familiarizándose con sus conclusiones y desde allí predicar el Evangelio, creyendo que saben; compartiendo así las conclusiones de otros sin obtener jamás las propias. El recomienda que cada miembro adquiera un contacto personal con las Escrituras, en lugar de tomar sin más para sí las conclusiones de otros.
Para mí, ambos mundos y ambos tipos de razonamientos son necesarios, pero el contacto con las Escrituras es imprescindible. Podemos, sin embargo, ser Sherlock Holmes durante toda la vida, perdidos en el laberinto de las calles de la nueva ciudad y aprendiendo solo por visitar sus edificios, sin comprender su valor y su importancia reales por no haber logrado entender nunca su relación en el contexto de las cosas.
Para lograr ese avance superior se necesita un mapa. En ese sentido, resulta interesante observar el modelo de las Escrituras sobre el aprendizaje y la enseñanza. Mi conclusión es la siguiente:
- Cuando se trata del aprendizaje, las Escrituras enfatizan el enfoque de lo particular a lo general, es decir, el razonamiento inductivo. Jesús hacía preguntas a sus discípulos para lograr que ellos fuesen logrando conclusiones y las integrasen a su visión de las cosas.
- Cuando se trata de la enseñanza, las Escrituras enfatizan el enfoque de lo general hacia lo particular, es decir, el razonamiento deductivo. Al enseñar a Moisés, Dios le mostró primero el universo, luego la Creación de esta tierra, después su relación con el hombre.
En el aprendizaje autodidacta nosotros somos nuestros propios maestros. Al aprender, está bien que usemos el razonamiento inductivo. Pero al diseñar nuestros propios planes de autoenseñanza, debemos utilizar el enfoque de lo general hacia lo particular. Partir de conjuntos generales de cosas y entonces integrar a ellas nuestros nuevos elementos, las cosas nuevas que estamos aprendiendo. A medida que vamos adquiriendo nuevos conocimientos necesitamos también de un método que nos permita 1) discernir el conjunto a que iremos integrando nuestros conocimientos y b) recordar esos nuevos conocimientos, de manera que cuando los necesitemos, podamos utilizarlos rápidamente.
Por medio del proceso inductivo descubrimos, pero por medio del proceso deductivo ensamblamos, relacionamos e integramos. Con mucha frecuencia nos decantamos solamente por uno de los tipos de razonamiento cuando, en realidad, ambos son indispensables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se agradecerán tus comentarios y sugerencias. Todos tus comentarios añaden valor y utilidad a nuestro sitio.